Me compré una agenda para hacer mi vida más interesante, sin
embargo cada día no tengo nada que escribir, es como si creyera que teniendo
una especie de “agenda-diario” mi existencia va a ser más notoria, pero no es
así. La agenda está en blanco para que uno la rellene, no viene ya escrita.
En vacaciones suele ser la época en la que más sola me
encuentro, porque mis amigos viajan (o yo viajo), entonces nos vemos menos,
además de que no tengo cosas en las que centrar mi mente como es a lo largo del
año el estudio y actividades extracurriculares. En vacaciones leo, veo series y reflexiono más que en cualquier otro momento del año. Es cuando se acentúa el vacío
existencial que todos presentamos y sentimos en determinadas ocasiones.
Siempre relacioné a ese vacío con una nube, que se mueve en
el cielo y a veces dejamos de verlo, pero cuando aparece puede hacer que llueva
o simplemente disiparse con el viento. Cuando el vacío aparece tapa todo
aquello que brilla como el sol o como las estrellas, es difícil notar las cosas que nos mantienen en equilibrio. Si nos quedamos allí nunca se va ser feliz. Hay que aprender a vivir con el vacío,
entenderlo y respetarlo, saber que nunca se va a poder llenar completamente, en
momentos es más grande y otro, se vuelve más pequeño, a veces se lo ve y otras,
permanece oculto, pero siempre latente.
El vacío existe porque nosotros existimos, pero en algún punto, creo, que nuestra existencia no siempre está completa al 100%, sino que tenemos que ir descubriendo nuestro ser, nuestra esencia y tratar de hacer cada vez más chiquito ese vacío hasta el día en que tengamos que partir.





















